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Respeto en cinco minutos

El viejo lo miró. Él sabía que estaba siendo observado e intentó evitar el contacto visual. Volteó la cabeza para otro lado. De pronto se sintió más liviano y supuso que ya estaba liberado de la vista del anciano. Disimuladamente se fijó y devolvió la cortesía. Pensó que podía y que aquel hombre que estaba sentado, con la luz blanca reflejada en su calva, se sentiría igualmente de inhibido. No fue así. De inmediato aquel curioso señor retomó la actividad. La respuesta del joven apoyado al lado de los botones que abren y cierran las puertas del tren, fue exactamente la misma que antes. Agregó el pensamiento de un insulto, aunque no sabe si hacia la situación o el observador. Comenzó a ver el paisaje para tratar de olvidarse del asunto. De pronto su mente viajaba más rápido que todo. El sonido de la guitarra de Skay de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se volvió su única conexión con el mundo presente y comenzó a despertar en él una sensación de rebeldía, un impulso de salir de lo …

A ver hasta dónde llegás

Al verlo me desplomé. No aguanté el mejunje de emociones eruptivas mezcladas y tuve que llorar. Puse una mano en mi cintura y la otra sobre mis ojos tratando de que no se notara lo latente e inevitable. Sentí dentro mío un fuego potente como el que produce el arranque de un cohete y demoré en explicitarlo. Incluso los gestos faciales fueron más fuertes que mi resistencia de introvertido. Se me transformó la cara. Repetía en mi mente que no lo podía creer. Pero ahí estaba. Ya era el momento de recibir el cambio. No pensaba que fuera a ser así de fuerte para mí y lo cierto es que el efecto sorpresa sumó envión para que me impacte de manera inatajable. Si me hubiera preparado previamente imagino que también me habría quedado atónito pero capaz un poco menos sensibilizado. Hacía tiempo que no soltaba lágrimas por este tipo de motivos y emociones y mucho más había pasado desde mi último sollozo. No suelo ser nada dramático pero no todos los días tu mujer se come todo el helado sin avisart…

Sin manual

La vida no tiene una receta. Tampoco un manual. Por suerte para muchos hay unos guías denominados padres, término que, en ciertas ocasiones, escapa a la genética. El modelo va más allá de lo físico. Si tu papá se enoja cuando volcás un vaso y vos reaccionás de mismo modo cuando tu hijo repite esa misma acción, no es cuestión de sangre. Si tu mamá se enorgullece cuando te ve ayudando a una persona a cruzar la calle y vos lo hacés cuando tu criatura lo haga delante de ti, no es cuestión de sangre. Igualmente los modelos tampoco suelen ser esos dos exclusivamente. A lo largo de la vida uno va teniendo varios y es en cierto nivel de madurez que uno se da cuenta de que tiene, en diferentes medidas, influencia de quienes tuvieron paso por la crianza hasta la adultez. Todo viene por ciclos; cuando sos un niño o una niña, tus padres son sabios e imbatibles. Después eso te comienza a molestar y llegás a punto tal que la bronca te hace generar enfrentamientos innecesarios a veces por motivos sin …

El secreto de los "locos"

Cada loco con su tema, una frase de mierda que algunos usan para no responder ni esforzarse algo por ponerse en los zapatos de otra persona o simplemente aceptar que existen varias opiniones sobre un mismo tema. A veces se usa de manera precisa pero sigue siendo un comentario poco inteligente, vacío de contenido. Decir que Pelé es un loco del fútbol no está bien, a él le gustó ese deporte toda su vida. Fue y es su pasión y algo que le dio trabajo y por lo tanto sustento para vivir. Ahora, es cierto que hay que marcar un límite entre pasión y locura. Actualmente lo más normal parece ser asimilar que si una persona se apasiona por algo, quienes la observan, sin compartir esa sensación, tildan a la primera de incoherente. El damnificado puede hacer, al menos, dos cosas al respecto: entristecerse y seguir con su pasión de manera más discreta, porque una pasión tampoco se apaga fácilmente, o entender que aquellos intolerantes no tienen la madurez ni la apertura mental para aceptar las dife…

Un día más

Tuviste un día bueno. Tuviste un día malo. Tuviste un día que empezó bien y se fue poniendo cada vez peor o al revés. Tuviste un día. Te levantaste temprano e hiciste todo corriendo en casa para salir apurado a caminar las 12 cuadras que de separan de la estación de tren y en eso te olvidaste, digamos, de peinarte, algo no esencial. En la boletería, a la que llegaste transpirado, te dijeron que pases sin boleto. Creíste que estaba bien pero como el tren no vino a horario te acercaste nuevamente a preguntar. Te dijeron que la unidad que te tenías que tomar estaba cancelada. Ni agradeciste por la información. Enojado, traspirado y con frío a la vez caminaste otras 12 cuadras hasta la avenida más cercana para tomar el colectivo. Te subiste a los empujones, acompañado de los demás desafortunados. Cuando fuiste a pagar, el sistema no anduvo. No miraste bien la pantalla como para saber por qué, pero el chófer lo notó y te invitó a intentarlo nuevamente. “Saldo insuficiente”, claro, ese pasaj…

Lo quiero ya

Esto es una mierda. Aquello también, pero lo quiero. Simplemente porque no lo tengo y lo tiene él. Lo que tiene ella mucho no me interesa tenerlo porque quedo como una minita, pero lo de él me copa. Yo quisiera esos jeans para guardarlos en mi placard. Seguramente los usaría un tiempito y luego quedarían allí, cuando ya no quiera ser más el vaquero que la marca propone. Aunque en realidad no sé si es por la identidad o por capricho que lo tendría. El solo hecho de que otro lo tenga me hace desearlo, ya me habían dicho alguna vez que el jardín del de al lado siempre se verá más verde que el mío. Esa distancia aumenta si ni siquiera tenemos ese pequeño espacio verde. Mejor no tenerlo, así no hay que ocuparse de mantenerlo. Sin embargo, sería lindo tener un espacio así en casa; pensamiento clásico de alguien que busca tener al menos algo parecido a lo que tiene aquella otra persona. Será que yo estaré podrido o lo estamos todos, la verdad que no lo sé, pero me parece que es la humanidad e…

La torre para la princesa

Había una vez un joven muchacho, fuerte audaz y pobre. Vivía recorriendo el mundo comiendo lo que cazaba o la gente le donaba. Un día llegó a la entrada de una ciudad amurallada. Era mucho más grande que todos los pueblos con los que se había topado desde que, a los 12 años, comenzó su recorrido, cargando la tristeza de ver a sus padres convertidos en esclavos, privados de toda libertad. Un guardia que vigilaba la entrada se le paró enfrente impidiéndole el paso. Él intentó esquivarlo y este se lo impidió y le dijo que en esa ciudad no era bienvenido. Fredlick preguntó cómo era eso posible si era un desconocido. El vigía le contestó que ese era el motivo, como no era nativo de ese lugar o familiar de alguien que lo estuviera esperando en la entrada no podía pasar. El joven insistió que solo pasaría un rato dentro y al irse el sol, se retiraría él también. El hombre armado le dijo que no podía correr ese riesgo, porque de ello dependía su función y que si daba un paso más lo llevaría al…

Utopía de una masacre (aún en preparación)

Parte I

¡Que tranquilo que está todo! La desolación del lugar, el silencio y la oscuridad de una noche sin luna crean un clima de suspenso como el que antecede a un huracán. A pesar del frío invernal, yo espero afuera, apoyado sobre la parte delantera de mi hermoso Torino negro apagado, con la campera puesta y fumando un delicioso cigarrillo. Los borceguíes marrones de cuero me protegen los pies y los bolsillos del pantalón vaquero son el mejor refugio para mis manos. Sin embargo, saco la izquierda para no tener todo el tiempo la nicotina pegada a los labios y la apoyo sobre el capó, ya húmedo, del vehículo. Así me doy cuenta de que el rocío ya empieza a mojar los adoquines y los árboles de la oscura plaza que está a mi derecha. Miro al frente, hacia lo profundo de la calle, donde esta se funde con la oscuridad total, ya ni hay farol municipal que ilumine esa zona. Eso me provoca cierta inseguridad y me hace buscar algo de luz involuntariamente. A mi izquierda, la antigua zapatería tie…

Mi viaje, mi tiempo

El fin de semana pasado viví algo tan fantástico que realmente me cuesta explicarlo. Es más, ahora que lo pienso, seguramente sea difícil de creer, pero la verdad es que a mí me pasó. Yo me tenía que tomar el tren desde la estación Retiro hasta la terminal Tigre, ubicadas en Buenos Aires, Argentina. Por lo tanto, me acerqué a la ventanilla de la boletería y compré el boleto requerido. Luego me acerqué al andén correspondiente al tren que debía tomar. Cuando me acercaba al tren el guarda gritó: “Sale el tren destino Júpiter”. Al oírlo, lo primero que pensé fue que me había confundido de andén, así que me acerqué a un vendedor de panchos que trabaja allí, con un carrito donde transporta lo que vende, y le pregunté si me hallaba en el lugar indicado para tomar el tren que me correspondía.”Sí, es este que está acá”. Por lo tanto, me decidí a entrar al vagón más cercano. En ese instante, el hombre de silbato y sombrero azul volvió a gritar: “Sale el tren destino Júpiter”. Sin dudarlo le pre…

En busca de la pureza

La vida y la libertad son los bienes más preciados. A veces vienen de la mano y a veces hay que esforzarse para combinarlos. Es inútil intentar encontrar ambas en una sociedad actual. El modernismo que hoy en día rige en toda aquella, hace que el individuo lleve un día a día regulado por lo que el resto de los sujetos impone, ya sea voluntaria o involuntariamente. Yo pienso que no es lo mejor alejarse de las grandes ciudades, porque gracias a estas tenemos facilidades tecnológicas que, ahora, se han vuelto muy importantes para el desarrollo de nuestra vida, no siendo así para nuestra libertad, puesto que se termina generando cierta dependencia. Imaginémonos por un momento a un hombre o una mujer que viaja sin un destino determinado, recorre los lugares que ni siquiera aparecen en los mapas para decidir en cuál vivir. Una vez seleccionado el lugar, esta persona, suponiendo que sus recursos le permiten tanto viajar como construir una casa en un terreno determinado, decide y logra instalar…

Ni mejores, ni peores; diferentes

Una señora está en el ginecólogo:* ¡Señora está usted embarazada!* ¿Otra vez?* ¿Es que su marido no toma precauciones?* El sí, pero los otros no.
Un hombre le dice a su novia:* Cariño ¿me seguirás queriendo después de casados?* Claro siempre me han gustado los casados.
(Fuente: www.todohistorietas.com.ar)
¿Y después se quejan porque dicen que un hombre que anda con muchas mujeres es felicitado y una mujer que anda con muchos hombres es mal vista? Estos chistes, tomados de internet, de una página de chistes feministas, les juega un poco en contra con eso. Sin embargo, creo que hay muchas cosas que les juegan a favor, a pesar de que muchos hombres no lo reconozcan. ¡Ahí está precisamente el problema! Hombres que no reconocen que la mujer no es ni inferior ni superior. Sin embargo, tampoco los podemos culpar así nomás; históricamente se sabe que el género femenino no tenía los mismos derechos que su opuesto. Pero con el correr del tiempo, cada vez más hombres fueron dándose cuenta de cuán …

Viaje a mí

- Son 150 pesos- dijo el señor con voz grave y mirándome fijamente. - ¿Cómo? ¿150? ¡Pero esto es un robo!
- Bueno, si usted no quiere abonar la multa por mal estacionamiento, consígase un buen abogado y hágale un juicio al gobierno de la municipalidad- continuó el hombre con voz tranquila y con una sonrisa en su rostro.
No me gustó nada lo que me dijo el intimidante señor que controlaba el pago de las infracciones notificadas. Yo no estaba de acuerdo, pero no sabía qué argumentos me podían ayudar a defenderme, así que finalmente tuve que pagar la exagerada multa de tránsito. Ahí me di cuenta de que algo no andaba bien en mí. ¿Habré perdido mi capacidad, a lo largo de los años, para mantener una discusión? Cuando yo era tan solo un niño, podía discutir durante largos ratos y sosteniendo siempre cierta lógica. Esto pasaba sobre todo en las comidas familiares por cumpleaños o festividades de otro tipo y nunca con alguien de mi edad; yo discutía con mi tía, 39 años mayor que yo, mientras que…